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Gracias a las nuevas técnicas y materiales, la odontología conservadora ha hecho un gran paso, e ir al dentista hoy en día ya no es sinónimo de sacar dientes o muelas. Esta especialidad es la que incluye "el empaste" como primera actuación en daños leves. En el supuesto de que la caries sea grave y llegue al nervio provocando dolor, podemos hacer el endodóncia (más conocido como "matar el nervio"),y de este modo, y con la posterior reconstrucción, mantendremos el diente o muela en boca. La endodóncia consiste en sacar el paquete vasculo-nervioso de la pieza.Es decir; extraer el nervio y desinfectar los conductos hasta el ápize de la raíz. Una vez conseguido esto es necesario tapar herméticamente cualquier cavidad de la pieza tratada. Ya realizada la endodóncia, ya podremos hacer la recontrucción, que no deja de ser un empaste pero más grande. Hace años, los únicos materiales que se usaban para obturar los dientes, éren las amalgamas (empastos metalicos que acaban volviéndose oscuros). Este tipo de restauración se utilizaba por su alta resistencia ante los "empastes blancos" de aquel momento. Estéticos pero poco resistentes. Hoy en día todo esto ha cambiado con la gran evolución de los materiales dentales.Ahora utilizamos las resinas compuestas, que mejoran sobradamente a los antiguos empastes.Tanto en dureza como en estética, puesto que disponemos de todos los colores posibles para cada restauración. El empaste que conocemos hoy en día consiste en eliminar la caries por completo limpiando a conciéncia toda la parte malograda de la pieza tratada.Dejando una suficiente por tal que el material de obturación tenga una buena adherencia.Una vez acabado, se puede decir que conseguimos un diente otro vez sano y con inmejorable aspecto estético. Siguiendo estos pasos y con un buen pulido final, el paciente no notará la diferencia entre una pieza natural y una de rehabilitada. |